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Alternativas a las “uvas de la ira” de fin de año

Las Uvas de la ira

Diatriba contra el fruto de la vid. ¡¡Odio las uvas!!.

¿Por qué leches en fin de año no nos zampamos  unas cuantas mandarinas como lo hacen en China ? ¿Por qué uvas y no arándanos o lo que nos dé la real gana, más acorde a nuestra idiosincrasia? La culpa es de los agricultores levantinos que en 1909 se agobiaron con el excedente de uvas. Para remediar el “desaguisao” repartieron las uvas gratis entre la ciudadanía y alguien decidió que su consumo en Nochevieja traería fortuna. Pero no les tenemos rencor, al menos así nos obligamos a comer fruta una vez al año.

El temita “uvas en fin de año” es toda una revelación sobre cuánto nos cuesta rebelarnos contra las normas sociales, aunque se trate de circunstancias insignificantes. Nos falta desobediencia social, civil y emocional. Nos joroba despellejar y despepitar las puñeteras uvas, pero aun así, pasamos el mal trago con una sonrisita enlatada. Nos aliena y nos convierte en un ser más en línea con lo que esperan que seamos. Preferimos apechugar con la situación -escondiendo las uvas disimuladamente en la servilleta, p.e- a cargar con el sambenito de amargados y aguafiestas.

¡Cómo vamos a hacer la revolución social que el mundo está pidiendo a gritos si no somos capaces de negarnos a  atragantarnos con las doce uvitas de la suerte!. Vivimos en una realidad social colapsada, y repleta de paralelismos con la sociedad descrita en las uvas de la ira de John Steinbeck. Pero escogemos “tragar” intentando anestesiarnos con la variedad de somas que nos brinda la sociedad.

Brindo por un fin de año sin uvas, aunque sólo sea por tocar los bemoles, y observar las reacciones surgidas a tu alrededor. Por algún acto nimio empiezan las revoluciones.

Aquí os dejamos algunas  alternativas a la uvas :

Para los bocazas: 12 polvorones.

Para las chicas picantes: 12 chiles peruanos.

Para los engreídos : lo mismo que para las chicas picantes,  pero por vía rectal.

Para los fanáticos de Asia: 12 gajos de mandarina.

Para el experimental: 12 rambutanes deconstruidos.

Para los pretenciosos: 12 langostas peladas.

Para las fervientes seguidores de la dieta: 12 bocanadas de aire.

Para los vigoréxicos: 12 claras de huevo crudas

Para los refinados: 12 granitos de caviar beluga

Para los sibaritas :12 bocanadas de nitrogeno líquido con sabor a nube

Para los sumisos: doce latigazos dados con muuuuuuucho amor. Ya sé que latigazo no pega con lo culinario… pero no sólo de pan vive el hombre (ni tampoco la mujer).

Si eres de esas personas, que les gustan las uvas y más en Nochevieja… ¡¡disfrútalas en cada campanada!!

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