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Únete al movimiento “Tomates patas arriba”, cultivar al revés

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Ya lo escribió Eduardo Galeano en su libro “Patas arriba, la escuela del mundo al revés”, vivimos en un mundo “al revés”. Un mundo donde las torturas se llaman “apremios ilegales”. Al oportunismo se le llama “pragmatismo”. El imperialismo se llama “globalización”. Y a las víctimas del imperialismo se las llama “países en vía de desarrollo”. Un mundo donde se nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla. Donde las máquinas nacidas para que ahorremos tiempo como el coche, la computadora, el teléfono móvil… y demás contraseñas de “felicidad” se apoderan del tiempo. Un mundo donde ahora, en el mercado libre es natural la victoria del fuerte y legítima la aniquilación del débil. Así se eleva el racismo a la categoría de doctrina económica.

Plantar un huerto es una de las actividades prescritas “medicamente” para escapar por unos momentos de este mundo al revés en el que sobre-vivimos. Y como al revés vivimos, al revés plantaremos.

Cultivar las verduras “patas arriba” es una creativa y peculiar solución para los que les pone las 3Rs (reutilizar reducir, reciclar). Este método de cultivo es perfecto para los que estamos escasos de espacio en el suelo y para los que se pirran porque su huerto sea el más “friki” y original con un estética “casual” del vecindario.

Todo lo que necesitas es unos bidones de plástico o de metal grandes con asa (por ejemplo latas de pintura grandes), tierra de cultivo, una taladradora o cuchillo para hacer un agujero en el fondo de cada bidón, ganchos resistentes.


Cómo se prepara todo el tinglado:


1 – Limpia muy bien los bidones de restos nocivos que pudieran tener.

2 – Practica un agujero de mínimo 3 cm de diámetro en el centro de la parte inferior del bidón (da lo mismo que el agujero sea circular o cuadrado o con forma de gato persa). Haz unos cuantos agujeros adicionales más pequeños para que el agua sobrante drene al regar tus tomates.

3 – Llena la cubeta hasta la mitad con tierra mezcla para cultivo.

4 – Cuelga el bidón en un gancho. Haz una planta de semillero de tomate a través del agujero que ha perforado en la parte inferior de la cubeta. Asegúrese de que plantar profundamente. El agua del cubo entero con una mezcla de agua y fertilizante orgánico, y cuelga de un gancho resistente.

5 – Con ayuda de un cuchillo o un palo, haz un hueco en la tierra para introducir en ésta, la mata de tomate. Asegúrate de que la raíz esté metida profundamente en la tierra.
Hay gente que mete un poco de fibra de coco o similar rodeando el agujero por donde asoma la mata de tomate, así se evita la posibilidad de que la planta de tomate caiga al suelo cuando está recién plantada y es aun muy pequeña.

* Otras personas emplean este otro método para evitar que las leyes de la gravedad hagan efecto en la planta de tomate recién plantada. Antes de llenar el bidón con tierra, atan un hilo al mochón de tierra con raíces de la planta de tomate. Introducen la planta por el agujero y dejan el hilo tirante atado al exterior por la parte de arriba del bidón. Luego llenan el bidón con tierra.

6 – Riega con frecuencia porque la tierra de las plantas colgantes tienden a secarse a mayor velocidad que si están plantadas a nivel del suelo.

Os meto un vídeo para que os hagáis más idea, aunque varía algo la forma de hacerlo.

Otras plantas que puedes cultivar “patas arriba”

Pepinos

Berenjenas. Escoge las berenjenas de variedades pequeñas.

Fresones

Todo tipo de vegetales de plantas trepadoras, guisantes, judías verdes… etc

También te puede interesar: Cómo cultivar zanahorias en botellas de refresco de 2 litros

Un nuevo derecho para el 2014 : El derecho al delirio (Eduardo Galeano)

derecho al delirio Galenano

Por un ratito vamos a olvidarnos del año patatas arriba del que acabamos de salir. Por un ratito vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible. Por un ratito vamos a ignorar que “Las Naciones Unidas” proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar.

“La comida no será una mercancía, ni la comunicación, porque la comida y la comunicación son derechos humanos” (Eduardo Galeano)”.

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