Cómo saber si un huevo está “pocho”



Veamos un truco para analfabetos culinarios… cómo saber si un huevo está “pocho” (el tema no es baladí, están en juego nuestras tripas). Tomad buena nota :

Se coloca el huevo en un recipiente con agua fría. El nivel de agua debe alcanzar aprox. 2 veces la altura del huevo.

Los huevos frescos se hundirán hasta el fondo del recipiente y se mantendrán en posición horizontal. Si empiezan a levantarse sobre la parte más estrecha, apuntando la parte más abombada hacia la superficie del agua, todavía están buenos. A mayor tiempo del huevo, mayor inclinación hacia arriba. Pero si pierde el contacto con el fondo del bol y se queda flotando en la superficie del agua, deshaceos de él so pena de sufrir la madre de todas las cagaleras.






Desinfectante natural y casero para frutas y verduras



El vinagre limpia y desinfecta frutas, verduras y hortalizas de los pesticidas, ceras abrillantadoras, parásitos y bacterias que contienen. Es antimicrobiano, económico y comestible… ¡que más se puede pedir!.

1 – Limpia y llena el fregadero con agua, (o un recipiente si es poca cantidad de fruta la que vas a usar).

2 – Agrega una taza o vaso de vinagre por cada cinco litros de agua.

3 – Añade la fruta dejándola en remojo durante 10 minutos.

4 – Enjuaga las frutas con agua limpia.

Fuente: PrettyLife





Infalible remedio casero contra las puñeteras hormigas



Una noche, a las tres de la madrugada, al vecino del quinto, Wikijuanan se le oía balbucear en yucateco y maldecir en arameo.

Según sus palabras, las hormigas habían invadido su despensa, todos los paquetes de comida de la despensa, el lavavajillas e incluso intentaban meterse en el congelador.

El exasperado Wikijuanan se había liquidado el bote de insecticida pero las malditas seguían en sus trece, así que el pobre hombre al borde de un colapso nervioso, estuvo buscando algún remedio casero para no morir envenenado y con los nervios desmadejados.

Estos remedios caseros contra hormigas, son los que han dado resultado:

* Un infalible “veneno” casero es una mezcla de ácido bórico (de venta en farmacias y en droguerías) y miel o leche condensada. Esta pócima contra los himenópteros es mucho menos agresiva con nuestra salud que los insecticidas comercializados, actúa como un arma química que destruye un hongo vital para que las hormigas críen dentro del hormiguero. Muerto el hongo se acabó la rabia (digo la formicaria). El invento es realmente efectivo y está comercializado, pero lo puedes hacer tú mismo fácilmente en casa.

¡A sus puestos mis combatientes!.

1 – Se hace una masa con el ácido bórico y la miel o la leche condensada (con cuidado de no tocar el ácido bórico con las manos, porque es venenoso).

2 – Se forman bolitas de la masa y se colocan por donde estén las hormigas. Esquinas y pasos de entrada de las hormigas a la casa (colocar en lugares que no tengan acceso niños o mascota).

Otros remedios más ecológicos, son :

* Clavo (la especia) (el molido hace un efecto más rápido y el efecto del clavo entero dura más tiempo).

* Espolvorea con azufre las zonas de entrada, también vale un chorrito de vinagre o loción antipiojos.

* Si mezclas el ácido bórico con crema de cacahuete te cargarás también a las molestas cucarachas.

Las hormigas practican la agricultura, la ganadería, la guerra y hasta la corrupción desde antes que los humanos. Se cuentan por centenares de miles. Si pusiéramos a todas las hormigas juntas en un lado de una balanza ¡pesarían diez veces más que toda la humanidad junta!. Las obreras se muestran también más proclives que los insectos solitarios a la agresividad y al suicidio. Y son las responsables de que a mi vecino del quinto casi le haya dado un jamacuco y nos haya dejado sin su inestimable compañía en el vecindario.





Desengrasante casero : “el frotar y el comprar se va a acabar”



¡El frotar se va a acabar!… el frotar… y el comprar. Comprar esos “desangradores” comercializados, que cuando estás en plena acción con ellos, tienen la puñetera costumbre de emanar unos efluvios tóxicos que tiran “pa tras”.

¡El frotar se va a acabar! , sí, pero simplemente haciendo una pasta con 1/4 de taza de bicarbonato y agua oxigenada (productos que casi todo el mundo tiene en su casa).

Extender la pasta, dejar actuar y retirar.
Oiga, limpio como la patena, y sin esfuerzo.

La “milagrosa” pasta limpia todo, el horno, utensilios, aparatos de acero inoxidable, ollas de acero bla bla bla…





20 secretos inconfesables de los restaurantes



Yo confieso secretos inconfesables, tretas y demás “fechorías” que son realizados en una gran mayoría de restaurantes y vistos por mis propios ojos a lo largo de más de 20 años trabajando en el mundo de la restauración.

Yo confieso:

1 – Caca-huetes

Los cacahuetes pelados que te ponemos de acompañamiento junto a tu bebida, llevan un extra gratuito de bacterias coliformes. Así quedó demostrado en un análisis llevado a cabo en el 2003 por el Evening Standard de Londres. En el 70% de los casos los cacahuetes contenía enterobacterias, que también se encuentran en las heces. En el estudio se comprobó que sólo el 58% de la clientela que entra al baño en un restaurante, se lava las manos. Los cacahuetes pelados se reciclan al igual que otros frutos secos pelados que se ponen como aperitivo, ahí tenéis la clave.

2 – El limón de “Magia” Bórax.

Si algunos productos empiezan a perder su frescura, se les añade zumo de limón para que neutralice ese sabor enrarecido de la comida que está comenzando a estropearse. Además el limón mata muchas bacterias.

3 – ¡Camarero, mi copa tiene tropezones!

Los lavavajillas de las copas de muchos restaurantes, necesitan que les vacíen y les llenen de agua limpia varias veces a lo largo de la jornada. Si hay mucho ajetreo en el restaurante, ese cambio de agua sucia nos lo pasamos por los “webs”, y te lavamos las copas con el agua sucia de haber lavado las decenas de copas anteriores a la tuya.

4 – Limones con todo su “sabor”.

Los limones que te ponemos en forma de rodajitas en las bebidas, no los lavamos ni de coña. Se les quita la pegatina (algunas veces hasta eso se nos olvida), se cortan y los manoseamos (los camareros no usan guantes) para depositarlos en un recipiente hasta que llegan a tu vaso de bebida. Lo siento por los que comen todo ecológico.

5 – ¡¡Corred, corred malditos, que hay prisas!!.

Los peores días para ir a un restaurante son los días de fiesta, (día de la madre, día de todos los santos, día del borrego, días en el que todo el mundo sale, etc….). Con tanto ajetreo, todo el proceso, desde que haces tu pedido, hasta que la comida llega a tu mesa, se desbarata.
Por ejemplo, si al camarero se le cae algo de comida desde tu plato, muy seguramente, lo recogerá y volverá a ponerlo en el plato y ¡¡hala, para la mesa, que hay prisa!!. Las copas y vasos ni siquiera se meten en el lavavajillas, se les enjuaga debajo del grifo y santas pascuas.

6 – Ahora que están tan de moda esos contrastes de texturas en los platos

Si nos caes mal, tardamos un poco más de la cuenta para servirte, es nuestra venganza por ser como eres. Los más retorcidos te escupirán en la comida. Al fin y al cabo un gapo (o un moco en los casos más repelentes) es muy difícil de detectar entre la multitud de texturas y colores de tu plato. Así que intenta ser un poco más amable con nosotros (por la cuenta que te trae).

7 – ¡Uy, que majos, por cortesía de la casa!

El pan con aceite que te ponemos en la mesa, los pinchos, aperitivos o los platitos de aceitunas denominados “por cortesía de la casa” se recicla de una mesa a otra. Estos aperitivos sirven para estimular tu apetito y sed, por eso estamos aleccionados para endiñártelos antes de que mires la carta y pidas.

8 – Señor, le recomiendo estos percebes que están a punto de perecer, están “de muerte”, oíga.

Las recomendaciones del maitre que aparecen en la carta, por lo general abarcan desde el plato que se les esta quedando retrasado, al plato en el que ganan más pasta.

9 – ¡¡Zorra, putón desorejado, puto roñoso, tacaño sin escaño, piiiiii!!…)

Si no nos dejas propina, antes de que estés saliendo por la puerta del restaurante te estaremos poniendo de usurero (y otros “cariñosos” apelativos) para arriba, por muy tía buenorra que seas o tío más enrollado. Si vuelves a ese restaurante, la próxima vez muy posiblemente no te tratarán tan bien.

10 – Ains, por fin voy a poner en práctica lo aprendido en mi cursillo de cata de vino.

Si el restaurante, no es un restaurante de lujo (incluso en éstos sucede), comienzas a realizar toda la parafernalia en torno a una copa de vino recién servida (oler, comprobación de rastro en paredes de la copa, mirar el color del vino al contraluz), nosotros, los camareros, estaremos pensando delante de tus narices que eres un oligofrénico petulante y pretencioso. Pondremos en conocimiento de nuestros compañeros nuestro hallazgo con un “¡¡ya tenemos al “gilipolli” de turno, en la mesa tal!!”. Te mirarán de reojo como a un mono de feria.

11 – ¡¡Uy, hemos llegado por los pelos!!

Si llegas 15 minutos antes del cierre de cocina, nos “cagaremos en tus muertos y en los de tus vecinos y en los hijos de tus otros vecinos” con una forzosa sonrisita dibujada en nuestras caras demacradas después del curro de 10 horas.

12 – Por favor camarero, para mí, un café cortado, descafeinado, corto de café, con la leche desnatada y en taza de desayuno.

Si eres una de esas mesas grandes que piden los cafés de uno en uno y cada café distinto (cortado, con la leche fría pero con espuma, con leche corto de café, descafeinado-que-tengo-los-nervios de-punta-por-la-comunión-de-manolito!, café solo, pero con tres goticas de leche…) lo más seguro es que todos acabéis tomando el mismo tipo de café, creyendo que cada uno toma el café que ha pedido.

13 – Suicidios inexplicables, reanimación bajo el agua.

¡Uy, que al cocinero se le ha “suicidado” el entrecotte, tirándose en caída libre desde la parrilla hasta el suelo!. No pasa na de na, el calor mata todos los “bichitos”, se pasa el entrecotte por debajo del grifo de agua y vuelta a la parrilla. Que-asco-por-favor.

14 – Polis buenos, polis cagones.

Si eres un agente de la ley en servicio, no se te ocurra olvidarte la pistola en la cisterna del wc después de desalojar tu vientre. Algún camarero lo recogerá como si de un juguete se tratara y puede acaecer una desgracia en la que aparecerá tu número de licencia. Surrealista, pero real, te lo digo yo que lo he vivido.

15 – Nuestra tarta casera, “de la casa”, hecha en esta casa está de lujo, señora.

En muchos restaurantes, los postres, tartas caseros y demás equis caseros, no son hechos en el propio restaurante. Se los proporcionan pastelerías diariamente. En algunos casos, siguen siendo caseros (pero de la pastelería), lo malo es que muchos restaurantes alardean de que son postres caseros propios. Ni que decir del incremento de precio, al no hacerse el postre casero en el propio restaurante.

16 – Camarero, por favor, los espaguetis del niño sin azúcar

Para que a los niños les guste la comida del restaurante, añadimos un extra de azúcar a la mayoría de los platos que piden.

17 – Por favor camarero, quite ese iceberg de mi copa.

Por deseo expreso del jefe, te pondremos hielos a “tutti pleni” en los whiskys y bebidas caras. Mayor cantidad de hielo, menor cantidad de bebida. Por los mismos deseos vendedores del jefe te obsequiaremos con aperitivos saladísimos, para que inviertas en bebidas para calmar tu sed.

18 – ¡Comida recién hecha!

La mayoría de los platos son preparados en cocina horas antes de que tú los pidas. Se mantienen calientes en recipientes puestos al baño maría. Cuando pidas tu plato, el cocinero le dará el toque final.

19 – ¡Que niños más ricos!… para meterlos directamente en el horno.

La verdad es que se nos llevan los demonios cuando nos toca servir una mesa con muchos mocoso, perdón niños angelicales, entre los comensales. Lo disimulamos diciendo ¡¡qué ricos!!, cuando en verdad queremos decir… ¡¡qué cochinos, como han dejado la mesa!!.

20 – Jarra de agua que cae como un jarro de agua fría cuando te la niegan.

Por deseo expreso de la directiva, no te pondremos una jarra de agua en la mesa, aunque vengas de atravesar el desierto del Gobi. El agua de botella quita más la sed, según un jefe mío muy de marketing. Tan sólo tienes que levantarte y pedir un vaso de agua tras otro en la barra (aunque sólo sea a modo de queja). Hasta ahora no he visto negar un vaso de agua en la barra en ningún bar.

Nota para no dar la nota: todas estas actividades “clandestinas” son llevadas a cabo en una gran mayoría de restaurantes, lo que no significa que muchos establecimientos no sean completamente dignos de toda nuestra confianza. Por otro lado, estas actuaciones se dan en restaurantes de todas las categorías.





Page 46 of 111« First...102030...4445464748...607080...Last »

Sidebar3 : Please add some widgets here.